Topacios

Nuestra colección reune más de 50.000 quilates de topacios de todas las variedades, tallas y tamaños. Destacan por su excelente pureza y tamaño. En las fotos solo puede apreciarse una selección de esta gema. Esta colección reune 9 de los 15 mayores y más perfectos topacios del mundo.

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Durante siglos se creyó que  todas las gemas amarillas eran topacios y que todos los topacios eran amarillos. Sin embargo, el topacio presenta una gran variedad cromática: azul pálido, verdoso o incoloro (estos tres se conocen como “topacio noble”), rosa, amarillo o lila (denominados “topacio imperial”). Los colores de los topacios suelen ser suaves, aunque con tratamientos térmicos se consiguen tonalidades más intensas. Para resaltar la belleza de esta gema es habitual tallarla en formas cuadradas, rectangulares u ovales, con facetas o saltos en forma de escalera, o bien con una combinación de ambas. Se trata de una piedra preciosa muy dura, pero con una línea de exfoliación perfecta. Por ello, es muy frágil y se fisura con facilidad, ya sea por una caída o por un golpe, lo que puede producir una serie de iridiscencias que alteren su belleza.

Su nombre deriva de la palabra griega topazion o topazos, con la que se denominaba a la piedra amarillo-verdosa que se halló en una lista del Mar Rojo. La antigua Isla Topazos es la actual Zabargad donde, curiosamente, la gema que se extraía en realidad no era topacio sino peridoto (olivino).   

Como a otras gemas, a lo largo de la Historia se le han atribuido poderes sobrenaturales. Por ejemplo, se creía que, engastado en oro como un colgante, ahuyentaba los malos presagios, curaba la mala vista y calmaba la ira de quien lo llevara.

Los topacios incoloros puros pueden ser especialmente hermosos. Durante siglos se consideró que las dos gemas que adornaban la Corona de San Sebastián, emblema de la Casa de Braganza que reinó en Portugal y Brasil, eran los diamantes más grandes del mundo (pesaban conjuntamente unos 1.640 quilates). Este dato nunca pudo confirmarse pues la joya despareció, pero hoy se cree que no eran diamantes, sino que se trataba, en realidad, de topacios incoloros.

 

Las distintas colecciones de P.R.C. cuentan con una valiosa muestra de topacios, destacable por la variedad, pureza y tamaño de sus ejemplares. Entre ellos se encuentran muchas gemas de más de 1.000 quilates y algunos de los mayores y más puros topacios catalogados, en sus diferentes variedades. Este es el caso, por ejemplo, de Eldorado, de 31.000 quilates. También el Lua de Marabá, de 25.250 quilates, es el mayor del mundo en su variedad (incoloro). Otras gemas excepcionales son el Amarelo de 9.600 quilates, o el Marbella, de 8.225 quilates, todas ellas incluidas en Hitos Gemológicos

“No soy renca, ni soy coja,

ni tengo nada de manca;

los cabellos, como lirios,

que, en pie, por el suelo arrastran;

y aunque es mi boca aquileña

y la nariz algo chata,

ser mis dientes de topacios

mi belleza al cielo ensalza.”

 

Don Quijote de la Mancha. Miguel de Carvantes (s.XVI-XVII)