La India y la Dinastía Mogol

Selección de obras procedentes de la India, en su mayoría de la dinastía Mogol. Todas ellas están realizadas en piedras preciosas. En las fotos solo puede verse una representación de estas obras.

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LA INDIA: GEMAS, ARTE Y CULTURA  Desde tiempos muy antiguos la India ha sido famosa por la riqueza y variedad  de sus gemas. Sus gobernantes mostraban un ávido interés por ellas, como reflejo de esplendor real o símbolo de estatus y poder personal. Representaban el regalo más preciado, por lo que sultanes y príncipes competían para poseer u ofrecer bellas e importantes piedras preciosas. Monarcas y autoridades de otras tierras también manifestaban una especial predilección por estas gemas, por lo que las joyas de las coronas de muchos países, como Inglaterra, Irán o Turquía, incluyeron fastuosas piedras de la India. Sin embargo, se han conservado muy pocas piezas antiguas debido al rito funerario hindú de cremación, en el cual las posesiones del difunto se quemaban junto a él.
 
La India mantuvo el monopolio como proveedora de gemas a lo largo de toda la antigüedad, siendo la única fuente mundial de diamantes hasta 1732, cuando se encontraron en Brasil. Zafiros, rubíes, ópalos, topacios, jacintos, turquesas, jade y  esmeraldas también se extraían abundantemente en el subcontinente, mientras la cornalina y el lapislázuli se importaban de Sumeria.
 
Antiguas creencias atribuían grandes poderes sobrenaturales a las piedras preciosas, incluso se pensaba que los dioses rendían culto a imágenes adornadas con ellas: Visnú veneraba a los zafiros, Agni (el dios del fuego) a los diamantes, e Indra (el rey del paraíso) a los rubíes. Asimismo existía una noción de correspondencia con los planetas. Entre sus virtudes mágicas se suponía que ejercían muchas influencias fabulosas, actuando como remedio contra el veneno y un gran número de aflicciones. En la cultura hinduísta el diamante, por ejemplo, era el mejor antídoto para cualquier tipo de enfermedad, mientras que en la época  islámica se utilizaba, entre otros, la cornalina para el dolor de muelas, el rubí para fortalecer el corazón o cortar hemorragias y la turquesa para mejorar la vista o curar picadas de escorpión.
 
La dinastía mogol (1526-1858) mantuvo la tradición y el interés por las artes suntuarias. Hacia el S.XVII la relación con Europa supuso la llegada de nuevas gemas a la India, así como la aparición de nuevas influencias. Se desarrollaron especialmente las técnicas de talla, dando lugar a bellísimas composiciones principalmente florales, vegetales y geométricas, cuya tradición  se revela claramente en  las piezas que muestra “Art Natura”. 
 
Cuando la talla se realiza en hueco (entalladura), suelen servir como sellos; cuando presentan un relieve en positivo se usan normalmente en joyería o como talismanes. Sus formas varían dependiendo de las propiedades de cada gema y de los gustos personales. Sin embargo, muchas son ovales o redondeadas, aunque también aparecen cuadradas, hexagonales, en forma de corazón, lágrima, representando divinidades, animales, etc. La mayoría no presentan facetas, y cuando no constituyen figuras, se prefiere principalmente la talla en cabujón o almohadilla, por conservar las cualidades intrínsecas de las gemas. Cuando este esplendor natural se fusiona con la labor del artista, asistimos al nacimiento de las más bellas creaciones del arte suntuario.
 
 
LAS ESMERALDAS EN LA INDIA 
 
Emperadores, Sultanes, Rajás y aristócratas eran apasionados coleccionistas y grandes conocedores de piedras preciosas que compraban, lucían, daban y recibían como regalos, tras haberlas grabado con bellos diseños. Muchas servían para adornar  tronos o armas, aunque  también se utilizaban como objeto de disfrute y contemplación. Las placas más finas, se podían emplear como sellos.  Las esmeraldas eran particularmente admiradas por los musulmanes y valoradas como símbolo de riqueza o poder.  Se considera que las  esmeraldas más antiguas tienen un origen colombiano, ya que podían haber llegado a la India transportadas por mercaderes entre la segunda mitad del S.XVI y finales del S.XVII. Después, las piedras se mandaban decorar por los maestros lapidarios, que siguiendo los cánones artísticos del arte indoislámico, realizaron delicados motivos florales, vegetales y geométricos de desarrollo simétrico ya que según las enseñanzas del Corán no podía representarse figuras ni animales ni humanas.
 
CENTRO DE JADE CON DIAMANTES
Los rigurosos criterios de simetría con los que se ha concebido la composición de esta placa, no han resultado un impedimento a la hora de  desarrollar un delicado motivo floral de diseño muy estilizado, donde la riqueza de los materiales empleados (jade, hilo de oro y diamantes) ofrece un aspecto de elegante esplendor al conjunto.
 
EMPUÑADURAS 
 
Las provenientes de la India siguen la tradición de las realizadas en la época Indoislámica Mogol (1526-1858). Los mogoles mostraron un cambio de actitud en relación al diseño y decoración de las armas. Por ejemplo, el uso del jade de Timurid en la confección de empuñaduras de espadas y dagas, era completamente desconocido hasta el S.XVII. La riqueza de sus materiales (la hoja normalmente de acero, se ha tallado en aventurina) y el minucioso trabajo artístico de sus empuñaduras, testimonian, más que un uso bélico, una función  simbólica, ritual y ceremonial, que convierte a estos objetos en valiosas piezas de coleccionismo.
 
Las armas eran especialmente apreciadas por los mogoles tanto por su utilidad como por su belleza. Espadas y dagas espléndidas se fabricaban como herramientas, pero también como un deleite para los sentidos. Juntamente con vestimentas de honor y joyas, las armas constituían frecuentemente obsequios reales para lucir en el cinto, indicando poder y elevada condición social.  
 
La daga, realizada en jade y proveniente de la China, es muy similar al resto, y si bien la empuñadura está menos decorada, por el contrario exhibe un rubí incrustado en su extremo inferior. Las empuñaduras, provengan ya de la China o de la India,  presentan motivos zoomórficos. Este tipo ornamentación, especialmente con “niglai” (caballos), proliferaron en la India durante los s. XVII y XVIII, y su delicada labor artesanal nos revela un origen imperial.
 
La razón por la cual disponemos tan sólo de la empuñadura y no de la hoja, se debe al hecho de que en muchas ocasiones, ambas se realizaban por separado. De este modo, las empuñaduras adquieren una especial importancia y esplendor como pieza única, donde se entremezcla  el suntuoso trabajo armeros, lapidarios y joyeros.
 
 
LAS PUERTAS EN EL ARTE DE LA INDIA
 
Las puertas de los templos marcaban la transición simbólica desde el mundo exterior al interior. Las diosas fluviales purificaban la entrada con su presencia, y guardianes, motivos de prosperidad y fertilidad se empleaban como ornamento. El umbral debía ser cruzado de forma correcta, tal y como indicaban las reglas del "Visnudharmottara purana”, que estipulaban que tanto el sacerdote como el devoto tenían que pasar por encima del estriberón con el pie derecho, sin tocarlo.
La importancia de la puerta, tanto en el ámbito doméstico como religioso, se refleja en los múltiples ritos y ceremonias estipulados en el Agni purana. En la India rural, las mujeres todavía pintan signos y diagramas propiciatorios en la entrada principal de su hogar o en el suelo, a menudo con pasta de arroz blanca, pues se considera un buen augurio.
 
 
UMBRAL DEL PARAISO
 
 Esta puerta de tamaño natural, permitía la entrada y salida de una estancia, tanto por sus elementos arquitectónicos como por sus motivos decorativos podemos situarlas dentro de la tradición del arte Indoislámico Mogol (1526-1858).
 
Las celosías son un elemento muy común en el arte musulmán y se solían utilizar en puertas y ventanas para poder ver desde el interior sin ser vistos desde el exterior. 
Por otro lado, este enrejado es un elemento decorativo dinámico e inestable, ya que genera un juego de luces y sombras cuando la luz se filtra a través de él. 
 
En la mitología hindú, el paso de la tierra al cielo se realizaba por la puerta del sol. 
 
“MIRADA AL NIRVANA” 
Tanto por sus elementos arquitectónicos como por sus motivos decorativos podemos situarla dentro de la tradición del arte Indoislámico Mogol (1526-1858)
 
Con respecto a la decoración pictórica de esta pieza, toda ella se ha realizado a mano y se basa en motivos florales y vegetales de color verde, rojo y dorado, trazados con una extraordinaria minuciosidad y preciosismo de detalles. 
 
Este empleo casi exacerbado de ornamentación, con una clara tendencia al “horror vacui”, provoca una marcada sensación de riqueza y suntuosidad, muestra del ambiente refinado de las cortes de los emperadores mogoles.
 
El Nirvana es un concepto utilizado en el hinduismo, budismo y zen que lo consideran como el estado en que todas las ilusiones, los deseos y el ciclo de las reencarnaciones desaparecen.
 
MÁRMOL OCTOGONAL
Esta obra de forma octogonal muestra un róleo central de formas concéntricas, recoge la tradición, el gusto y la gran afición por los mármoles incrustados con gemas  que desde antiguo desarrollaron las distintas culturas que poblaron la India. Existen edificios del S.XIII y XIV donde ya se puede hallar una labor de incrustación pero no es hasta  la época indoislámica mogol (1526-1858) donde se alcanza un extraordinario esplendor artístico, perfeccionando notablemente la técnica. 
Esta pieza recuerda en gran medida los relieves que decoraban muros, puertas y grandes salas de palacios y mausoleos.
 
La ausencia de figuración  es un signo que de nuevo nos remite al mundo indoislámico. Cabe recordar que  los cánones artísticos  de esta cultura se basaban en la doctrina iconoclasta que rechaza la reproducción figurada.